El día a día de trabajo, para cualquier persona es duro. Es cansado, largo, muchas veces el estado anímico no nos acompaña. Llegamos a casa, organizamos nuestra mente y con el descanso empezamos un nuevo día. Tú como jefa estás en tu casa, y los empleados en las suyas. Un día a día totalmente corriente.

Pero, ¿cómo es tener un trabajador con fibromialgia? Aquí ahondamos en algo que vivimos en nuestra empresa cada día…

Todos los días suceden como siempre, captación de inmuebles, visitas, ventas… Lo normal en cualquier negocio inmobiliario. Los trabajadores se estresan, y aunque intentamos que no lo estén, intentamos darles las máximas comodidades, el estrés y el agobio siempre llama a nuestras puertas. De repente, ves como una de tus empleadas por mucho que se esfuerce parece que “nunca llega”, está totalmente desorientada y lo que antes le resultaba fácil, como beber un vaso de agua, ahora es una tarea imposible. 

Pasa de poder hacer todo por su propia mano, a pedirte ayuda porque no sabe qué le ocurre, pero no puede andar, no puede levantarse de la silla. Y entonces, en vez del estrés o un cliente, llama a nuestra puerta otra cosa; un diagnóstico: Fibromialgia. 

Todo nuestro mundo como gerente, y como empleada, se puso patas arriba. 

Después de tomar consciencia de todo, enfrentarse a una vida así no es fácil. El día a día se convirtió en mañanas de llamadas donde la trabajadora no podía levantarse y como gerente, había que ir a su casa a levantarla de la cama, vestirla, ayudarla a caminar y llevarla al trabajo, y después de vuelta a casa. 

Las jornadas laborales, se veían y siguen viendo afectadas, días de pruebas de médicos, donde toca cerrar la oficina e ir al hospital. Todo esto, se ha vuelto parte del día a día. Vigilar que coma, vigilar que no exceda horas de trabajo, confiscar teléfono, dar más días libres sin que eso afecte a sus vacaciones, o cambiar el trabajo de oficina por trabajo en casa. 

Integrar todo esto, en un trabajo, en una empresa, en una manera de funcionar, no es nada fácil, pero lo conseguimos. Después de un periodo de adaptación, trabajando en equipo y siendo flexibles y sobre todo comprensivos, conseguimos que la trabajadora siga rindiendo al 100%, sin que nada de esta enfermedad afecte ni a su trabajo, ni a su estado de ánimo. Todos los días se convierten en una montaña rusa, pero, ¿a quién no le gustan las montañas rusas?

Una de las claves de nuestro éxito: la tenacidad, el trabajo y el entusiasmo. Mientas todo ello no decaiga, somos capaces de adaptarnos a cualquier situación buena o mala y sacar lo mejor de ella. 

¿No se puede trabajar un lunes porque el cuerpo no lo permite? No pasa nada, lo compensamos con muchos domingos que toca trabajar. 

Como empresa, hemos visto que comparado con otros muchos negocios, la flexibilidad y comprensión es lo mejor, sobre todo si el trabajador demuestra estar a la altura. Si dicho trabajador nos enriquece, ¿por qué no íbamos a apoyarle en todo?

Desde Castle House solo podemos decir que la experiencia es inmejorable, y que seguimos apoyando a nuestros trabajadores por encima de todo. 

“Tres cosas ayudan a sobrellevar las dificultades: la esperanza, el sueño y la risa” (Immanuel Kant)