Ser agente inmobiliario, no es nada fácil. Nos encanta nuestro trabajo, pero no todo es siempre bueno, o no todo es siempre perfecto

Para captar una vivienda, debemos hacer mínimo 12 llamadas de captación; eso implica que para captar 3 viviendas a la semana mínimo habrá 33 personas que nos habrán dicho que no; nos habrán colgado amablemente o en muchos casos nos habrán incluso llegado a faltar el respeto.  

En el caso de la venta de una vivienda, para lograr el éxito de esa venta influyen muchos factores; pero si nos referimos a una estadística normal, hablamos de que aproximadamente por cada venta necesitamos un mínimo de 35/40 visitas, lo que implica que un mínimo de 34 personas aproximadamente nos habrán dicho que no. Muchas veces se da el factor suerte y en 5 visitas lo vendemos, pero esas son las menos. 

Con lo cual, lo que apreciamos es que por cada éxito, hay muchísimos fracasos. Nos vamos de vuelta a casa o a la oficina con la sensación de no haber hecho un buen trabajo, de no haber sabido transmitir bien, de no empatizar adecuadamente con el cliente… 

¿Cómo gestionamos toda esa frustración sin que influya en nuestro trabajo y en nuestro día a día?

Lo más importante es saber gestionar nuestras propias emociones, no entrar en la desesperación, el enfado o la tristeza. Tenemos que separarnos de los sentimientos y optar por una visión analítica. Veamos qué hemos hecho bien, y qué hemos hecho mal. Anotemos puntos a mejorar, repasemos nuestra visita mentalmente o nuestro diálogo de captación y hagámonos estas preguntas: ¿En qué momento la sensación del cliente ha cambiado? ¿Qué le he mostrado de la vivienda que podría haber enfatizado o ejemplarizado de distinta manera?

Tenemos que tener claro que una venta es un proceso, y que a veces el premio no es llegar, sino lo que aprendes durante el camino. 

Todas esas visitas que no terminan en una venta, nos tienen que servir para analizarnos a nosotros mismos, e identificar cosas a mejorar, cosas a cambiar y cosas a mantener.  No tenemos que quedarnos en el victimismo y en el mal sentimiento, debemos hacernos estas preguntas: “¿Por qué no lo logré? ¿Qué puedo hacer de forma diferente?”

Siempre vamos a tener momentos de bajón, de sentirnos mal anímicamente, pensamientos como “¿tanto esfuerzo merece la pena? ¿Debo continuar?….” Quítate estos pensamientos de la cabeza, y dales el valor adecuado. Pensar no es igual a la realidad. Mejora tu automotivación y prepara tu propio monólogo interior, ese que te repetirás cuando las cosas no salgan bien. 

Apóyate en tus compañeros de una manera constructiva, busca puntos de mejora, opiniones, etc… Pero no realices un discurso destructivo. Y lo más importante: “VALÓRATE A TI MISMA/O Y TU TRABAJO”

Recuerda: Roma no se construyó en un día…